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25-02-2005

Las rondas y los juegos infantiles:
folclor y educaci�n
Octavio Marulanda Morales.
Gladys Gonz�lez Ar�valo (ilustradora)
Secretaria Ejecutiva del Convenio
Andr�s Bello, Bogot�, 1988
Se juega a estar vivo estando muerto, a bajar arriba o a
subir bajando. El juego se enriquece con la imaginaci�n
y se instaura en el rito; la traslocaci�n de escenarios
y situaciones abre las puertas hacia dentro y hacia
fuera. Las danzas circulares, los coros repetidos, los
enigm�ticos acertijos hablan de una historia que sucedi�
hace mucho tiempo y en un lugar que no se sabe y que
ocurre ahora en un espacio conocido. El juego es, pues,
placer, conocimiento y acci�n; como condici�n innata de
la especie hay que entenderlo, como posibilidad creativa
hay que utilizarlo, como veh�culo de interacci�n es
excelente.
Jugando aqu� y all�, rimando, rondando o cantando, en
tierra caliente o tierra fr�a, con ni�os de ruana o de
camisa, Octavio Marulanda construy� este libro
pintando y anotando todo aquello que o�a o que ve�a. Y
el resultado fue notable: reuni� a la gallina ciega y a
las cometas; al patico que va al agua porque tiene ganas
de nadar y a la mu�eca a quien dan jarabe con un
tenedor; al se�or don gato sentadito en su tejado con el
materile-riler�n; al pm uno, pm dos, pm tres con aquel
que es redondito redond�n sin tapita ni tap�n.
Porque, seg�n dice el autor, tampoco los juegos se le
escapan a la historia:
[...] las rondas infantiles no son solamente una
forma de jugar, sino una s�ntesis de herencias
culturales muy diversas que han quedado muy bien
plasmadas en la memoria de los pueblos que asimilaron en
Am�rica las costumbres hisp�nicas y que los ni�os han
logrado conservar como un patrimonio peculiar, cuya
frontera la marcan ellos mismos.
El origen de las rondas y de los juegos infantiles que
se practican en Colombia hay que
buscarlo en los terrenos del mestizaje.
Tenemos, entonces, que la mu�eca vestida de azul, con
camisa nueva y su canes�, en el tr�pico se volvi� de
tul; Mambr� se fue a la guerra en Inglaterra y un viento
del azar lo sembr� en Chiquinquir�; la princesa del
"arroz con leche, me quiero casar" es una negrita llena
de trencitas; las cometas llegaron de la China, el
trompo incaico s� no ha viajado tanto aunque ha rodado
mucho.
No es tan ingenuo el juego ni tan distra�do el sabio. La
vida se comienza jugando y lo que se juega es lo que se
aprende:
Algunas formas del conocimiento se exteriorizan
rudimentariamente en los juegos: el uso de cifras
identificativas de formas o lugares (matem�ticas); los
conteos enumerativos (c�lculo, c�bala) la implantaci�n
de reglas
y prohibiciones (derecho natural); el respeto a las
formas organizativas del juego y a los compa�eros
(�tica); el uso de palabras adecuadas (el lenguaje),
etc.
Como quien dice, el lazo juego-conocimiento �es ronda de
nunca acabar!
Est�n aqu� recopiladas las rondas, las rimas, los
trabalenguas, las adivinanzas, las retah�las, las
jitanj�foras, los juegos de palmoteo que juegan los
ni�os del campo y la ciudad, y los que se jugaban antes,
cuando la ciudad no exist�a. La intenci�n es clara:
juntar lo que est� disperso, buscar lo que est� perdido:
La construcci�n del pa�s del futuro ha de iniciarse
creando en los ni�os una conciencia placentera de los
valores propios, basada en la identificaci�n pr�ctica y
real de sus anhelos y vivencias con el patrimonio
cultural que los rodea. El folclor infantil contiene
todos los ingredientes para darle al mundo de los ni�os
la dimensi�n y la riqueza que exigen los contenidos de
nuestra nacionalidad, como producto que somos de un
largo y accidentado mestizaje.
Este libro, patrocinado por la secretar�a ejecutiva del
Convenio Andr�s Bello, no se queda s�lo en la
recopilaci�n de los juegos folcl�ricos; propone una
metodolog�a general de trabajo que integre el juego con
el folclor y la identidad cultural y una did�ctica
espec�fica para cada ejercicio l�dico, incluyendo las
partituras de aquellas rondas que las requieren.
Trabajos como �ste intentan llenar el vac�o que en la
investigaci�n educativa existe en Colombia. Celebramos,
pues, la aparici�n de este libro y le auguramos muchos
triunfos tanto en las bibliotecas escolares como en los
patios de recreo y las aulas de clase.
LUZ MARINA SUAZA VARGAS |